

Tener estilo es una de esas cosas que todo el mundo quiere tener, pero son pocas personas las que lo consiguen
Hoy en día es casi como encontrar un mirlo blanco entre tanta Belén Esteban televisiva, miedo me da ver la tele, porque la tele no es muy elegante precisamente.
Hoy en día es casi como encontrar un mirlo blanco entre tanta Belén Esteban televisiva, miedo me da ver la tele, porque la tele no es muy elegante precisamente.
La elegancia es innata en las personas, aunque también puede aspirar a ella, aflora de muchas maneras y en diversas situaciones, pero no hay nada peor que forzarla, véase a Victoria Becham comprando en el super mercado con un tacón de aguja de 15 cm.
Para mi tener estilo es ser natural, ser uno mismo, compartir y disfrutar, sin complicarse, los excesos no son buenos para tener estilo!
Llamamos elegante a lo que es gracioso, sencillo, bien proporcionado, suave en sus movimientos, agradable a los sentidos. Es el conjunto de varios elementos y se encuentra en las obras bellas. No sólo se atribuye la elegancia al arte o a la naturaleza, sino también a las obras intelectuales, especialmente a las demostraciones.
La elegancia de una buena demostración consiste, primero en que sea sencilla y ligera, no recargada, es decir, obtenida por caminos no complicados. Al hallarnos en presencia de una demostración de estas cualidades, sentimos cierto placer estético muy semejante al que experimentamos al contemplar algunas de aquellas obras calificadas de elegantes.
No es de buen gusto el abandono en el vestir y el aseo, pues con ello se demuestra desdén hacia los demás y desden ante ala opinión ajena, véase Ami WhineHouse.
La elegancia es sencillez, y no es necesario gastar enormemente, pero sí poner mucha atención en la elección de las prendas y complementos.
La elegancia se refleja también en la armonía de colorido y que se adapte según las circunstancias, porque no es lo mismo vestirse para ir a trabajar, que para ir a la playa, tomar una cervecita por la tarde o asistir a una fiesta o a una recepción.
Teniendo esto en cuenta, todos pueden intentar adquirir el aspecto elegante, pero sin olvidar que donde debe ponerse mayor esmero es en el aseo de la propia persona y esto, todo el mundo puede y debe hacerlo.
Unos dientes descuidados, el cabello en desorden, etc., son pequeños detalles que molestan a la vista y destruyen el buen efecto que un estupendo Valentino pueda producir, y esto puede evitarse con poco trabajo y sin grandes dispendios.Tampoco el verdadero elegante hace abuso de las sortijas y joyas. Con lo indispensable basta.
Finalmente: las buenas maneras, sin que en ello se demuestre pedantería. Toda persona de espíritu cultivado, sin apenas darse cuenta, puede llegar a ser un modelo de elegancia aunque el verdadero elegante no se limita a las manifestaciones exteriores de cortesía, sino que cultiva en sí las buenas maneras.
La cortesía nace del amor a nuestros semejantes, del temor de herirles, de ofenderles, de lastimarles en su amor propio, hace aparecer simpático y atrayente al menos favorecido.
La persona que quiere presumir de buenos modales ha de ser modesta, indulgente, cortés, generosa, no ofender nunca con sus palabras o con sus gestos. Refina sus gustos y sus costumbres, corrige sus defectos. No se deja guiar por la primera impresión o por el capricho, que pueda llevarte a ser un fashion victim.
Gabriel Compayré: “La educación es el conjunto de esfuerzos reflejos con los que se ayuda a la naturaleza en el desenvolvimiento de las facultades físicas, intelectuales y morales del hombre, con la mirada de su perfección, su felicidad y su destino social.”
Según Stuart Mill: “La educación incluye cuanto hacemos nosotros mismos por nosotros y hacen por nosotros los demás, con el fin expreso de acercarnos a la perfección de nuestra naturaleza”.
